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•marzo 29, 2010 • Dejar un comentario

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Críticas y observaciones sobre la idealización del Método Asambleario

•noviembre 29, 2009 • Dejar un comentario


“El movimiento estudiantil es meramente defensivo,
le sigue el juego al sistema aunque muchos no sean conscientes.
Mientras él nos pega una paliza nosotros nos acurrucamos en el suelo.
En un conflicto real, deberíamos estar de pie y en postura de combate.”

Consideramos que la asamblea es el espacio real en el que las personas pueden expresarse y decidir individual y colectivamente sobre los asuntos que les conciernen. En ella, se toman decisiones mediante la discusión y la deliberación cara a cara. Las asambleas son –además- el lugar del encuentro y la comunicación directa entre personas que así se van entretejiendo como grupo y por tanto, se van dando identidad y fortaleza existencial. Analizando experiencias desarrolladas a lo largo del tiempo, ha quedado más que claro que las asambleas son el mejor método para organizarse horizontalmente.

Esto es un intento de realizar una crítica lo más constructiva posible con el fin de volvernos más efectivos, mostrando alternativas a lo realizado hasta ahora en las experiencias asamblearias que se han dado en las Universidades. Bajo nuestro punto de vista, una manifestación, una asamblea, la constitución de grupos entre afines, una toma, una intervención, etc. son medios que utilizamos para alcanzar nuestros fines (claro ejemplo es lo que sucedió en Psicología en cuanto a la cuestión edilicia, o en Humanidades y Artes frente al conflicto con la seguridad privada). Es decir, estar bien organizados no es un fin en sí mismo, sino una herramienta que nos acercará más a nuestro objetivo.

Hay que analizar cada herramienta, ver de qué nos puede servir, puntos a favor, en contra; y usarla conforme a lo que necesitemos. No hay que demonizar ni mitificar ningún método, debemos ver en que medida nos son útiles y conforme a eso actuar. Aunque la organización es imprescindible hasta para la más mínima tarea, no podemos dedicarnos exclusivamente a eso. Demasiados e innecesarios cambios en la forma de organizarse provocan pérdidas de tiempo y desgaste en la gente que participa.

Es necesario remarcar que el movimiento estudiantil arrastra un pesado lastre: la falta de información, formación y participación de los estudiantes en torno a las luchas sociales. Esta inexperiencia nos hace estar dando golpes al aire continuamente. No hay conciencia combativa, por eso, cuando aparece algún conflicto, en lugar de remediarlo atacándolo de raíz, empezamos a organizarnos, discutiendo tediosamente, dando mil vueltas al mismo —y probablemente estúpido— asunto. De esta manera, siempre nos agarran desprevenidos, y las luchas terminan siendo conducidas por quienes no tienen ningún interés real en solucionar los problemas, a no ser que esto les represente algún rédito político. Esto sucede, en gran parte, porque ellos saben de antemano qué es lo que quieren y cómo conseguirlo, y no pierden el tiempo para comenzar a accionar.

Es por eso que afirmamos que este método, más allá de sus ventajas, no deja de ser sólo eso, un método, una herramienta, y como tal no debe ser mitificada, puesto que atentaría contra el pensamiento estratégico. Es evidente que las asambleas no funcionan casi nunca como describimos anteriormente, ya que suelen convertirse en el espacio de la manipulación, la coerción, el engaño, la competencia y/o la prefabricación de acuerdos colectivos entre grupos ‘aparateadores’, así como también el medio de consecución y preservación del poder de estos mismos grupos, compuestos por la más variada gama de izquierdistas recuperadores de las luchas en favor del sistema, que intentan erigirse como nuestros patéticos dirigentes. Estos bastardos siempre van a estar ahí, intentado llevarnos por el camino que a ellos les interesa, velando siempre y sin excepción por sus propios intereses partidistas que nada tienen que ver con los nuestros. Aunque ellos siempre lo negarán, sus métodos los delatan.

Estos contrarrevolucionarios cooptan las asambleas, conduciendo los temas de discusión –y con ello condicionando a su vez las determinaciones, ya que una pregunta astutamente formulada puede a veces conducir a una única respuesta– en pos de sus intereses como grupo u organización. Pareciera que nunca se discute nada relevante, que todo lo que podamos hacer por revertir esta situación es inútil y queda en la nada. Esto se debe a que la ausencia de una estructura, así como de métodos y medidas claras y funcionales para evitar que esto suceda, no es algo casual, sino que suele responder a sus mismos intereses. Imponer asambleas abiertas aún cuando no es necesario, es un claro error: todo no debe ser discutido abiertamente, porque así participan los partidos y los imbéciles de siempre. Hay que saber marcar la línea. El pensamiento dominante encuentra en la democracia el canal perfecto para expresarse, con la asamblea a la cabeza. A menudo dar voz a todos es dar oídos a las ideas dominantes.

Pero también es necesario realizar una autocrítica para con nosotros, quienes permitimos que esto siga ocurriendo. Gran parte de su estrategia consiste en monopolizar la palabra, con la complicidad de una cómoda inacción por parte de los estudiantes. Esta inacción se debe en muchos casos a una falta de convicción real y a esa difusa presión de “cumplir” con la politización que nombrábamos antes, pero en otros proviene de una falta de preparación teórica/intelectual, lo cual provoca que los izquierdistas –quienes generalmente cuentan con una formación como cuadros político-dirigentes y con más experiencia, siendo muchas veces incluso militantes profesionales- intimiden al estudiante promedio, a quien de todas formas la mayoría de las veces poco parece importarle.

Así, estos infames ‘militantes’ desmovilizan todo lo que no les gusta, cualquier cosa que hagan los estudiantes sin pasar por su asamblea —es decir, sin pasar por su censura—, todo lo que se les pueda escapar de las manos, que pueda arruinar la buena imagen que se han creado con las instituciones. Esta posición privilegiada de mediación entre instituciones y estudiantes les permite sacar tajada de ambos: la Universidad les puede premiar para que desmovilicen a los estudiantes, los estudiantes les pueden ceder su fuerza y capacidad de decisión para luchar contra la Universidad. Y ellos pueden usar esta posición para sus propios beneficios políticos.

Debemos entender que, en cualquier momento de un proceso de toma de decisiones, quedarse callado y presenciar como se lleva a cabo una asamblea que es una caricatura de deliberación colectiva implica ser cómplice de las maniobras y la manipulación de los grupos o corrientes que las están utilizando para imponer sus intereses. Es necesario perder el temor a la confrontación de estas prácticas o a ser considerado un ingenuo. Nunca debemos bajar la guardia. Debemos enfrentar sus lascivas intervenciones con argumentos sólidos y bien enumerados, desenmascarándoles ante los otros integrantes de la asamblea, exponiendo sus verdaderas intenciones, e incluso, en una situación en la que la correlación de fuerzas sea la adecuada, finalmente echarlos de las asambleas.

No queremos ser malinterpretados: animamos a la gente a que participe en las asambleas, pero también a que haga acciones al margen de ellas, con sus amigos, con sus compañeros más cercanos, con gente en la que sabe que puede confiar. Hay que dejar de idealizar las asambleas como instancia colectiva máxima y deseable, y apuntar paralelamente a modos de organización para la discusión y para la acción más reducidos entre afines y posibles afines. Estos lazos de amistad, afinidad y confianza, y el hecho de que estos grupos no tengan que rendir cuentas ante nadie –autonomía- los hace sumamente efectivos. Pequeños pero numerosos grupos, realizando pequeñas pero continuadas acciones, son infinitamente más efectivos que una manifestación masiva, ya sea ésta pacífica o violenta.

Y seguimos alentando a los estudiantes que participan en las asambleas a que desconfíen siempre de los que se la dan de expertos, de dirigentes, de los que están siempre hablando y no dejan a los demás, de los que no tienen en cuenta la opinión de otros, de los que pretenden que todo el mundo tiene que ir detrás suyo, de los que siempre se encargan de todo como si nos hicieran un favor, de los que tratan de desmovilizar cualquier acción con la que no están completamente de acuerdo, de los que se la dan de valientes y son unos cobardes… El tiempo pondrá a cada cual en su lugar. En el futuro veremos a estos estudiantes “revolucionarios” vendiendo obreros en cualquier sindicato o intentando escalar cargos en tal o cual partido izquierdoso para vivir a costa nuestra y defender todo aquello que ahora dicen atacar.

Reflexiones en torno a la lucha contra el Plan Bolonia y el “movimiento estudiantil”

•agosto 2, 2009 • 1 comentario

Estudiante en una manifestación contra la implantación del Plan Bolonia

Reflexiones desde Valencia. Es la introducción de un texto más amplio donde las ideas presentadas se desarrollarán más ampliamente.

Introducción

El movimiento estudiantil parece estar resurgiendo. En las diversas ciudades del Estado español los estudiantes se echan a la calle para protestar contra el Plan Bolonia, que no es sino un giro más en la vuelta de tuerca que está dando el Capital para adaptarse a los nuevos tiempos. Las cosas se están poniendo muy feas y más que se pondrán: incremento del paro y de la precariedad laboral [1], privatización de la enseñanza y de la sanidad, auge del fascismo, aumento de la represión y la presencia policial… Todo esto es una realidad que va in crescendo y que el estudiante no debe ignorar. La desunión entre los distintos frentes supone que sea más fácil vencernos. Debemos solidarizarnos con otros afectados por el mismo problema. Esta lucha no se puede reducir a las universidades.

Todo forma parte del mismo juego y debe formar parte de la misma lucha

El Capitalismo se está empezando a desmoronar. De todxs nosotrxs depende que se remiende o que se destruya definitivamente. Desde todos los medios nos bombardean con la puta crisis. Pretenden que nos vayamos acostumbrando, que lo asumamos como algo natural y que nos apretemos el cinturón, dejándoles hacer tranquilamente sus tejemanejes porque son para “paliar la crisis”. ¿De dónde han salido los 30.000 millones de euros que el gobierno ha regalado a los bancos? De recortes en sanidad y educación [2]. ¿Por qué no de los fondos destinados al ejército y la policía? ¿Acaso tienen miedo de que nos rebelemos?

Ha llegado el momento de poner las cartas sobre la mesa y preguntarnos hasta dónde estamos dispuestos a llegar, qué es lo que queremos conseguir. Está claro que todxs queremos la paralización del Plan Bolonia, pero si este conflicto no se perpetúa, si abandona la lucha contra el neoliberalismo, habrá sido inútil, ya que en el supuesto caso de que se frene el plan, éste será implantado posteriormente mediante pequeñas reformas que no encontrarán una respuesta decidida. Por eso la lucha contra Bolonia debe ser la lucha contra el Capital.

Antes que nada tenemos que plantearnos cuál es el papel que juega la educación para el Sistema; qué y cómo queremos aprender. Más allá de las protestas contra Bolonia entendemos que la educación es de quien quiere cultivarse, y que por tanto somos los estudiantes los que deberíamos ser dueños de nuestra propia enseñanza. No queremos el Plan Bolonia, pero rechazamos a su vez a la Universidad tal y como ha sido siempre: jerárquica, autoritaria, desinformadora, elitista… La Universidad nunca ha formado a personas críticas y combativas. Su papel de domesticación y de formación de profesionales sumisos siempre ha estado claro, aunque quizá con Bolonia más. Si alguna vez ha surgido dentro de ella un espíritu rebelde no ha sido gracias a la Universidad, ha sido —al contrario— para enfrentarla y combatirla.

Ahora bien, cuando se tiene un objetivo concreto a corto plazo como es la paralización del Plan Bolonia hay que buscar sus puntos débiles y atacarlos, golpear donde duele. Hasta ahora se han estado dando golpes al aire, y eso sólo sirve para que tu enemigo se ría de ti. Si de verdad queremos conseguir nuestro objetivo tenemos que replantearnos nuestras tácticas. El Plan Bolonia es un ataque más del Capitalismo y éste sólo entiende de dinero. Por eso es ahí donde tenemos que atacar. Tenemos que conseguir que no le salga rentable implantar Bolonia. Y para eso hay que recuperar las viejas tácticas que históricamente han demostrado ser las más efectivas para atacar al Capital, tácticas hoy prácticamente perdidas debido a la absoluta alienación en la que vivimos. Estamos hablando del boicot y del sabotaje [3].

Un pesado lastre que arrastra el movimiento estudiantil es la falta de información, formación y participación de los estudiantes en luchas sociales. Esta inexperiencia nos hace estar dando palos de ciego continuamente. No hay conciencia combativa, por eso, cuando aparece algún conflicto, en lugar de remediarlo atacándolo de raíz, empezamos a organizarnos, discutiendo tediosamente, dando mil vueltas al mismo —y probablemente estúpido— asunto… Siempre nos pillan en bragas

Las asambleas son el mejor método para organizarse horizontalmente al margen de politicuchos, sindicalistas e izquierdosos, recuperadores de las luchas en favor del sistema, que intentan erigirse como nuestros patéticos dirigentes. Por eso el movimiento asambleario surgido estos días está muy bien, pero no hay que mitificarlo. Esos bastardxs siempre van a estar ahí, intentado llevarnos por el camino que a ellxs les interesa. Aunque no esté el partido/sindicato de turno, ellxs son los mismos y siempre van a velar por sus propios intereses partidistas. Nunca debemos bajar la guardia. Debemos frenarles los pies, incluso echarlos de las asambleas si fuese necesario.

Además, en una asamblea abierta donde no conoces a mucha gente y no sabes quién está escuchando; hay ciertas propuestas que no se pueden hacer. Si tú tienes una idea que piensas que es correcta, como individuo libre que teóricamente eres, no necesitas la aprobación de ninguna asamblea ni organismo para llevarla a cabo.

Por eso, aparte de en asambleas, tenemos que empezar a organizarnos y actuar en grupos de afinidad [4]. Un grupo de afinidad son unos amigxs que tienen prácticamente las mismas ideas y existe gran confianza entre ellxs. Esta amistad y confianza, y el hecho de que no tengan que rendir cuentas ante nadie (autonomía), los hace sumamente efectivos. Pequeños pero numerosos grupos realizando pequeñas pero continuadas acciones de sabotaje son infinitamente más efectivos que una manifestación masiva, ya sea ésta pacífica o violenta.

Tenemos que perder el miedo.

Tenemos que desmitificar la legalidad, la ilegalidad y el pacifismo.

Esas son sus normas, no las nuestras.

Mientras no entendamos esto estamos condenados a la derrota.


[1] La cifra oficial de parados se sitúa en 2.800.000, lo que representa el 12,28% de la población activa (un 37,6% más que el año pasado). Es la mayor cifra de desempleo desde 1996 y el presidente de la patronal dice que el paro puede llegar al 17% en 2010.

La precariedad laboral va en aumento: contratos temporales, salarios bajos, directiva Bolkestein, falta de protección frente al desempleo, escasas medidas de seguridad… En 2007 oficialmente murieron 1.191 trabajadores. Es lo que tiene el trabajo asalariado; mientras siga existiendo no seremos libres.

[2] Uno de los principales objetivos de Bolonia es que la Universidad no suponga gasto alguno al Estado y esto sólo se puede lograr mediante su mercantilización. En cuanto a la sanidad sólo hay que ver lo que está sucediendo en la Comunidad de Madrid. Nos dirigimos hacia el modelo de EE.UU. donde quien no tiene dinero no tiene derecho a la sanidad. Esto no debería sorprendernos, es la lógica del neoliberalismo; por eso no debemos intentar arreglar esta sociedad, sino crear una nueva.

[3] El sabotaje es una acción deliberada dirigida a debilitar a un enemigo mediante la subversión, la obstrucción, la interrupción o la destrucción de material.

[4] http://www.ainfos.ca/03/aug/ainfos00193.html

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Assemblea d’Estudiants Llibertaris/es UV

Elogio de la Normalidad

•mayo 21, 2009 • Dejar un comentario

Uno de los tantos geniales textos que vienen apareciendo sobre la lucha en Europa contra el Plan Bolonia:

maig6801

“Los viejos no mueren, se duermen un día y duermen demasiado tiempo”
Jacques Brel

Las porras de la pasma han terminado por definir la mejor clase que los estudiantes hayan podido recibir en lo que va de año. Pero antes, unas consideraciones urgentes.

La violencia policial de estos días pasados tan sólo es el gesto más crudo y espectacular de cómo se expresa el Poder cuando se le desprecia y no se le trata como tal. Es la arrogancia, la informalidad y el salvajismo de los que luchan lo que inquieta a la derecha, pero también a la izquierda, esto es, a todos aquellos que desean una vuelta a la normalidad. ¿Qué tiene el estudiante que lo puede convertir en una amenaza? Su posibilidad de interrupción constante, el desacato y las ganas de juego.

No hay mayor deseo de paz que el que todo vuelva a la normalidad. La calma que sigue a la tempestad. Es esa calma en la que no sólo parece que no pasa nada, sino que, realmente, no pasa nada. Muchos se felicitan que todo vuelva a la normalidad; respiran aliviados de que todo vuelva a sus cauces normales.

Este elogio de la normalidad es, sin embargo, el modo en el que lo que se quiere conservar expresa su victoria. Es el modo en el que ella misma, aunque se sabe mentirosa, hace ver al mundo crédulo que todo vuelve a ser lo que era antes de que pasara nada.

Pero todo ha pasado. Ya nada es diferente porque nada era diferente. Los últimos días de lucha contra la imposición de la mafia europea no son un modo de anormalidad dentro del transcurrir de la vida pacífica. Lo extraño no es preguntarse por qué ahora se ha despertado una conciencia con respecto a la mercantilización de la Universidad y de la vida en general. Lo extraño es preguntarse por qué esa conciencia no se había ya dado antes.

No es ahora cuando la aprobación del EEES se hace más patente. Lo extraño no es que ahora todo parezca más urgente sino el que esta tempestad no haya comenzado antes. Lo anormal no es mostrar lucha, acción y resistencia contra el EEES; lo anormal no es la okupación de instituciones universitarias para reclamar algo que las mismas instituciones usan como ideología justificatoria: la democracia.

Desde el primer momento se ha pedido diálogo con las instituciones académicas para poder frenar el EEES. ¿Realmente alguien pensaba que esas instituciones iban a responder afirmativamente? Ya el modo en el que esas mismas instituciones están ordenadas demuestra la escasa estima que se le tiene al estudiantado dentro de cualquier institución universitaria. Nuestro papel es el de pagar y callar. Más allá de eso, nada se nos está permitido. Los estudiantes han hablado como aquello que son, estudiantes, sin darse cuenta de que este diálogo se encuentra viciado desde su raíz. Lo que aquí se decide es un pulso contra el poder, esta vez representado por los dueños y defensores de esas deleznables fábricas de ciudadanos. En esta relación dialéctica se debe definir que el esfuerzo mostrado tiene que ser para destruir la Universidad hasta que no sea posible una vuelta a la normalidad. Es más, su naturaleza implica su abolición. Es una institución, no sólo al servicio de la Mafia (la mercancía organizada como una fuerza), sino que nos convierte en mercancía; tutela una vida de mierda a medio camino entre el aburrimiento y la esquizofrenia.

¿Es a esas instituciones a las que hay que pedir diálogo? Ciertamente quien creyera tal cosa habría de extrañarse por la actuación de la policía. Una de las miopías del movimiento es no haber previsto la confrontación violenta contra la autoridad.

Ni siquiera en el mayor escenario de legitimidad democrática la autoridad dejará de usar la violencia para definirse. Siempre y en lo sucesivo ocurrirá lo mismo. Las consignas a favor de la salida de la policía de la Universidad revelan la misma miopía. No queremos la policía fuera de la Universidad: la queremos desarmada y derrotada. Igualmente, los gritos en las manifestaciones en las que se decía que los estudiantes no son delincuentes revelan otra miopía. El que no se inserta dentro del trabajo asalariado, ya es una forma de delincuente, un vago, un estudiante. Éste y no otro es el modo en el que los medios de comunicación tratan el asunto. Los “antibolonia” contra las fuerzas de las instituciones democráticas. Los estudiantes sí son delincuentes. Y si eso significa estar contra el sistema que promueve lo muerto sobre lo vivo, la violencia salvaje y desatada contra la protesta inocente y naiv de gran parte del movimiento, entonces sí que hay reivindicarse como delincuencia. Sólo cuando el conflicto se de cuenta de la caracterización social que tiene el estudiante, sólo entonces podrá situarse en su justo lugar con respecto a las decisiones que deberá tomar si realmente quiere negar la precarización de la Universidad y de la vida en general.

La protesta debe permanecer en un punto en que no sepa como ser tratada por la Autoridad. Tiene que permanecer en movimiento, ágil e imprevisible; tiene que desbordarse a sí misma. Sólo en este terreno será posible empezar a considerar la idea de que la vuelta a la normalidad sea inviable. Y es este instante cuando entran en juego las posibilidades radicales. Maleantes contra estudiantes, hooligans contra negociadores. La anarquía entrando en acción.

Sólo en las épocas de conflicto se revela el carácter originario de cada cual. Y en esta ocasión no está siendo una excepción. La Universidad, dentro de un proceso más generalizado, se revela como lo que lleva siendo desde hace tiempo: una fábrica de asalariados e imbéciles. Ahora esta esencia pierde su máscara y se muestra tal y como la sociedad en su conjunto la necesita. Los que antes salían beneficiados de poder adquirir las habilidades necesarias para el triunfo social, ahora lo tendrán más fácil todavía. Los que todavía estaban en la ingenuidad de pensar que algo de excelso y humanista quedaba en lo universitario, ya han llegado al descreimiento. Si alguna vez hubo un atisbo de pensamiento crítico en la Universidad (crítica genuina y no la que se circunscribe a las buenas y correctas formas académicas) ahora no servirán de nada. No se perseguirán, tal y como ocurría en épocas pasadas, sino que, simplemente, ya no serán útiles en una época en la que la supervivencia será tan alarmante y extrema que el pensamiento crítico quedará arrinconado a la peor estirpe de los especialistas: los intelectuales.

Por ello, no es exagerado afirmar que desde un punto de vista humanista el cierre de todas las Universidades no agravaría la situación social de nuestra vida. Simplemente dejaríamos de ser especialistas de una especialidad para serlo de otra. En la Universidad, lo que menos cuenta es el conocimiento. Lo que triunfa es la supervivencia totalitaria y generalizada. Frente a ella, si la Universidad se convierte también en una institución de gestión de la precarización, en ese caso la Universidad pasará a ser uno de nuestros objetivos. Este es el tiempo de jugar con fuego y del fuego del juego.

¡Vándalos, sigan así! A nuestra fealdad le “ponen” vuestras terribles bellezas…

La Sociedad Secreta La Felguera
Black Mafia

Una vez mas…La miseria nos encuentra

•marzo 25, 2009 • 1 comentario

izquierdistas-festejando

“Las universidades han sido hasta aquí el refugio secular de los mediocres, la renta de los ignorantes, la hospitalización segura de los inválidos y -lo que es peor aún- el lugar en donde todas las formas de tiranizar y de insensibilizar hallaron la cátedra que las dictara. Las universidades han llegado a ser así fiel reflejo de estas sociedades decadentes que se empeñan en ofrecer el triste espectáculo de una inmovilidad senil. Por eso es que la ciencia frente a estas casas mudas y cerradas, pasa silenciosa o entra mutilada y grotesca al servicio burocrático.”

(Manifiesto liminar de la Reforma Universitaria. Córdoba, 1918)

Nos encontramos otra vez más –o en el caso de algunos, por primera vez- ante una de las tantas pantomimas de la vida universitaria, sino la más espectacular. Esta afirmación proviene del hecho de que las elecciones no son otra cosa que la justificación de lo existente, ya que ni siquiera la agrupación más izquierdista se escapa de una lógica reformista y miserable, que sólo garantiza la perpetuidad de un modelo de educación que tiene como objetivo embrutecernos con conocimientos, preparándonos para ser los obedientes trabajadores calificados del mañana, o peor aún, los miserables opresores.

El Centro de Estudiantes (CE) entra así en este juego, el de una lamentable representación que se mueve frente a nuestros ojos para decirnos que todo es como debe ser, que todo va como tiene que ir. Pero en realidad, nada está siendo puesto en cuestión y las posibilidades de cambio no sólo no son remotas, sino que siguiendo la lógica por la cual se mueve un CE, son directamente imposibles. De esta manera, agregándole un poco más de complejidad a tamaña representación a la cual el estudiante se ve sometido, se le dice que esta entidad existe para defenderlo y pelear por él y sus intereses. Casualmente, lo que no se dice es lo que sale a la luz inmediatamente ante una mirada apenas más profunda: en el Centro de Estudiantes delegamos nuestro poder a la espera de que este sea nuestro portavoz en conflictos e inquietudes, de manera tal que nuestra injerencia política sobre el medio mismo, se vuelve repentinamente nula. Cada vez que votamos, entonces, participamos de un rito vacío que sólo sirve para diversión de la clase dominante y lavaje de culpas de los sectores medios y pequeño-burgueses.

Siguiendo entonces la lógica de los defensores a ultranza de esta institución, podemos encontrar que de ella se desprende la incasable búsqueda por cada vez más poder y más autonomía, para así de esta manera llegar a ser entidades políticas con incidencia absoluta sobre sus ámbitos específicos, sin intervención de “superiores” u “órdenes de arriba”. Y, si realmente obedecen a la voluntad del estudiantado o simplemente es una representación total de ella, como tanto se vanagloria la izquierda, la función de los CE es entonces la de la socialización y democratización de cada ámbito por si mismo. Pero hay razones por las cuales esto es inviable:

En primer lugar, por su misma conformación, ya que es el órgano solicitado y previsto por la dirigencia, es decir, los representantes de la burguesía que están a cargo de la universidad. Esta dirigencia, espera y prefiere lidiar con un grupúsculo de dirigentes ansiosos de realizar una carrera política, en lugar de hacerlo con una masa revoltosa -descentralizada y horizontal- situación que, como mínimo, le complicaría un poco más la tarea de mantener el status quo.

En segundo lugar, y desprendiéndose asimismo de lo anterior, tenemos el problema del financiamiento. Los CE dependen del abastecimiento de capitales externos, lo cual le da a las fuentes un enorme control, ya que sin su financiación las funciones de estos no serían posibles. Por lo tanto, al menos mientras no puedan proveer el dinero necesario, los CE nunca podrán lograr la supuesta autonomía, siendo relegados entonces al rol secundario que siempre tuvieron y siempre tendrán. Y en el caso de que se consiga la auto-financiación, ¿Cuál sería el sentido de utilizar estos recursos en un órgano policlasista y conciliador, en lugar de hacerlo en una organización verdaderamente revolucionaria, que totalice las vertientes de la actual guerra social?.

Está más que claro, acabamos de realizar una crítica al mejor escenario posible en que puede encontrarse un CE, y ni siquiera en esa situación “idílica” nos es de alguna utilidad para la lucha real. Además, y reforzando nuestro punto de vista, la actualidad dista muchísimo de ese momento: aprovechemos entonces ahora, en este momento, para aniquilar esta forma de organizarnos y replanteémonos cómo debemos hacerlo.

Ha llegado el momento en que la realidad nos marca una situación más que clara, ninguna votación nos salvará de nuestro presente y futuro como clase oprimida. Por otra parte pero en el mismo orden de cosas, el llamarse a no votar no representa por sí sólo una forma de lucha con fronteras tangibles en el panorama de la lucha de clases. Esta postura, sólo significa que dejaremos de seguir como manada a la dirigencia estudiantil, codo a codo junto al séquito de pasivos “simpatizantes”, devotos consumidores de carroña etiquetada como política que acatan todo mirando el quién pero sin preguntarse el qué, y mucho menos el cómo. Esto implica el hecho de que, en un estadio superior de conciencia, hemos mirado hacia delante y hacia los costados para darnos cuenta de que el cambio real no pasa por sus métodos, fundamentalmente porque estos procedimientos no se corresponden con nuestra realidad de oprimidos. Pero, y de esta manera queda aún más claro, bajo ningún concepto el abstencionismo electoral se presenta como una superación por sí mismo.

Ahora, si realmente nuestra conciencia nos dicta que es momento de entrar en confrontación directa y luchar contra esta mísera realidad, debemos organizarnos sin líderes ni liderados, manteniéndonos en consecuencia fuera de partidos, centros de estudiantes y personalismos. Sólo la solidaridad entre compañeros será decisiva a la hora de enfrentar a la clase dominante y sus falsos críticos, afrontando nuestras carencias desde el libre consenso, entendiendo que únicamente entre nosotros podremos resolver nuestros problemas e inquietudes, sin pedirle nada a nadie y menos aún a nuestros opresores.

Se va haciendo cada vez más urgente cambiar cada aspecto de nuestra vida…

¡Contestemos a la opresión con ataque, destruyamos las estructuras existentes!

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“La Miseria” Publicación contra la Universidad

•marzo 19, 2009 • Dejar un comentario

“El proletariado no es débil porque está dividido,
está dividido porque es débil”

Anton Pannekoek


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EDITORIAL

Esta publicación se gesta por necesidad, por autodeterminación, por interés, por convicción. Pero también, debemos reconocer, con un leve interés de demostrarnos que no estamos equivocados.

Pero por sobre todas las cosas se gesta por odio. Odio, pero no en el sentido de “Los odio, queridos estudiantes”, sino todo lo contrario: no odiamos al estudiante, odiamos su rol como tal, y con ello a todo lo que produce, representa y crea.

Odiamos su reformismo y su conciencia revoltosa juvenil, su incapacidad de descifrar el entramado macro-económico de toda lucha social, su moldeabilidad jerárquica que se configura incluso en sus conductas cotidianas, como leer un texto de 500 páginas que le obliga el profesor, pero no poder leer, analizar y tener sentido crítico frente a un panfleto de poco más de media.

Odiamos su elitismo y su necesidad de ser encuadrado socialmente… porque sabemos que quiere ser un erudito Licenciado en (insertar especialidad correspondiente). También sabemos que desea que haya pocos como él, porque obviamente millones de Ingenieros Electrónicos no tienen utilidad, pero unos miles sí, y mientras menos sean, mayor demanda y mayor salario: pura lógica de mercado capitalista.

Odiamos su falta de inquietudes concretas, y el hecho de que cuando las tenga no reconozca lo efímera y vacía que es su situación, porque realmente no tiene nada que perder (si verdaderamente descree de la profesionalización) y lo que es más importante: tiene mucho por ganar. ¿Por qué decimos esto? Porque al sistema no se lo destruye atacando sus unidades básicas, sino en férreo combate con sus estructuras más avanzadas. Y el estudiante se encuentra en esta posición de ataque, es decir, tiene frente a sí una profunda dicotomía que le plantea esa posibilidad: la de tomar esa posición o de lo contrario seguir contribuyendo a perpetuar tales estructuras.

Esto es así porque la Universidad es la institución generadora de valor por excelencia, en el sentido tanto económico como social. La Universidad forma aproximadamente a un 5% de la sociedad, la élite humana, durante un tiempo determinado que suelen ser mas de 7 años. A su vez las personas encargadas de impartir esta formación también han recorrido el mismo trecho, por lo que esta cantidad de trabajo (horas hombre), sumado a costos edilicios y demás gastos, nos demuestra lo importante que es esta institución en el sistema capitalista.

Para agregar más todavía a esta “fábrica de burgueses”, se suma el hecho de que es aquí donde se resuelven todos los paradigmas que luego se implantan en la vida de todos: direccionamientos políticos, artísticos, culturales, medicinales y obviamente económicos. Por todas estas cosas es que decimos que esta institución es un pilar fundamental del capitalismo: se sobrepone en este rol a las fábricas, estigmatizadas como el núcleo económico, y en cierta medida también lo hace con los medios de comunicación e instituciones politizadas de todo tipo.

Por esto y por mucho más que se irá desarrollando planteamos abiertamente la necesidad de la destrucción de la Universidad y el cese de toda “militancia” destinada a reformarla y construir hacia adentro. No queremos una Universidad “de los trabajadores” o “del pueblo”, este concepto no existe, porque cuando la Universidad sea más accesible aparecerá una nueva estructura educativa superior y el nuevo dilema será como destruir ésta.

Queremos sentar bases teóricas que permitan aclarar nuestra postura, no para caer en el intelectualismo, sino para generar continuidad mediante una herramienta a la cual recurrir. Esta herramienta será moldeable como lo es la realidad y el contenido de las luchas sociales, pero formará una crítica rotunda al vanguardismo y al dogmatismo imperante: justamente por eso recibirá la etiqueta de “extremismo”.

En la presente edición incluimos:

“Universidad/Contra-universidad” – Texto de origen español que con un vocabulario Situacionista presenta una buena crítica sociológica al status del profesional.

“Centros de Estudiantes: o cómo gestionar la miseria” – Sobre cómo superar la equivocada determinación de luchar con esta herramienta, más una breve introducción a la crítica al Sindicalismo.

“La miseria de los independientes” – Texto ya difundido que entendido en un contexto particular muestra la triste perspectiva que poseen los autodenominados independientes.

“Reflexión” – Aclaraciones sobre las críticas propias y externas realizadas al texto anterior, con un marcado eje en el Antipartidismo.

A su vez, deseamos destacar, que para nuestra comprensión del medio fue fundamental la lectura de “La miseria de la vida estudiantil” de Mustafá Kayatí, Internacional Situacionista, 1966, grandiosa obra que sirvió de base teórica durante los sucesos de mayo de 1968. Esta ha sido editada recientemente por Mariposas del Caos, junto con un panfleto sobre la agitación en el medio estudiantil en Chile durante el 2005, obra de la BAC (Brigada de Agitación Comunista).

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